Mis mundos se trasladan y tropiezan,
mi vida se captura y toma acción
en el mundo de los sueños.
Siempre en la mente, en el mundo
que camina y marca revoluciones
en cada silencio intermitente
de mi palpitar.
Recurro con frecuencia a los astros
que giran entorno a mi cabeza,
pregunto y busco respuestas
en la geometría de tintineantes pensamientos,
para así delimitar la constelación
que indique el ascender de mi voluntad.
Pero la penumbra es larga, las múltiples
respuestas parpadean, se encienden y apagan
y mi no palabra protagoniza la no respuesta
del universo que he tomado por cuestión.
Después de una larga espera
recurro al gran espejo, la luz viaja
y el reflejo me lleva
a cada una de las estrellas errantes,
mi deseo de libertad busca saciarse
en los mares y aguas lejanas.
Neptuno me abre las puertas, la exquisita soledad
se deleita de aquel mundo, un papalote de sueños
que se pierde y eleva en el azul, que se sujeta
y no pierde de vista a la tierra a la que es sujeto.
Los habitantes de Neptuno me miran de manera
semejante, somos nuestro respectivo sueño hecho realidad,
me hablan y platican de lo maravilloso que es mi mundo,
mi mente se paraliza..... pienso constantemente
en el por qué de mi arribo, es evidente, huí, escapé de
mi mundo, le dejé muy atrás por buscar en el
infinito soluciones y respuestas.
Fue entonces cuando me dí cuenta de lo lejos
que te puede llevar mirar al cielo y perseguir
el infinito, en ese momento el espejo se rompió,
mi retorno imposible ya, pues me había
encontrado con un mundo real.
ARTURO GARCIA ANAYA
mi vida se captura y toma acción
en el mundo de los sueños.
Siempre en la mente, en el mundo
que camina y marca revoluciones
en cada silencio intermitente
de mi palpitar.
Recurro con frecuencia a los astros
que giran entorno a mi cabeza,
pregunto y busco respuestas
en la geometría de tintineantes pensamientos,
para así delimitar la constelación
que indique el ascender de mi voluntad.
Pero la penumbra es larga, las múltiples
respuestas parpadean, se encienden y apagan
y mi no palabra protagoniza la no respuesta
del universo que he tomado por cuestión.
Después de una larga espera
recurro al gran espejo, la luz viaja
y el reflejo me lleva
a cada una de las estrellas errantes,
mi deseo de libertad busca saciarse
en los mares y aguas lejanas.
Neptuno me abre las puertas, la exquisita soledad
se deleita de aquel mundo, un papalote de sueños
que se pierde y eleva en el azul, que se sujeta
y no pierde de vista a la tierra a la que es sujeto.
Los habitantes de Neptuno me miran de manera
semejante, somos nuestro respectivo sueño hecho realidad,
me hablan y platican de lo maravilloso que es mi mundo,
mi mente se paraliza..... pienso constantemente
en el por qué de mi arribo, es evidente, huí, escapé de
mi mundo, le dejé muy atrás por buscar en el
infinito soluciones y respuestas.
Fue entonces cuando me dí cuenta de lo lejos
que te puede llevar mirar al cielo y perseguir
el infinito, en ese momento el espejo se rompió,
mi retorno imposible ya, pues me había
encontrado con un mundo real.
ARTURO GARCIA ANAYA
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