Quien ama,
no se fija a quien ama,
tan sólo ama y todo lo apuesta,
y todo lo da sin que le importen las
consecuencias del feliz o desgarrador final.
Quien ama,
no escucha consejos, porque
del Amor y sus misterios, se es un
instrumento ciego.
Quien ama,
hasta de su moral se olvida,
porque incrustado en su carne,
en sus huesos y en su mente, no
existe nada ni nadie, salvo el objeto
sobre el cual gira su enfocada adoración
que le embelesa, le hechiza, y hasta le arrebata
los suspiros de su propia existencia.
Nadie elige a quien amar;
el Amor lanza su zarpazo,
y mengua tu voluntad,
y mengua tu razón
y tu poder de elegir.
Nadie elige a quien amar;
el Amor no te da el chance de pensar;
no te da otra opción que la de entregarte
en sus brazos sin poder condicionarle
a que te acaricie o te destruya.
- Rourke Boada
sábado, 30 de noviembre de 2013
miércoles, 20 de marzo de 2013
Una Chica curiosa
Leía sobre las diferentes formas de semejanza y su semántica en el siglo XVI, una voz interrumpió mi lectura a bordo del metro, dijo --¿de qué trata el libro?-Miquel Fuco...- silencio-, la pronunciación del nombre del autor me pareció simpática, deje las palabras del libro en el aire, dirigí mi mirada hacia la voz; una chica de lindo vestido y cabello castaño me miraba, balbucee algunas ideas que puede recordar de las primeras páginas, añadí otras sobre la clase y otros libros. La chica me miró y me pidió que le leyera, arribamos a centro médico, pasajeros bajaron y un asiento se desocupó, frente a mis ojos un señor me cedía el asiento, a un costado de ella me senté, leí algunos párrafos; en los túneles subterráneos un oído se inclinaba para escuchar mejor. La personalidad de esa joven mujer permaneció en el anonimato mas no su curiosidad y serenidad interior, en su silencio ante mi lectura y en mi silencio ante su recuerdo.
Balderas llegó frente a una platica incipiente, pero el libro ya había logrado su mágica encomienda de reunir a dos mentes, de quien dicta y quien escribe; del autor y de quien escucha su pluma. La chica se levantó, agradecimos según el momento y se despidió, yo, por mi cuenta, atónito cuestionaba su condición angelical, su curiosidad y su saber; al final mi asombro culminó con una larga sonrisa. ♥
Arturo García Anaya
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